Testigo anticipado:
Crónicas perdidas desde los umbrales del tiempo
en la FILPEC 2026

Bernardo González-Aréchiga


Ciudad de México

En esta lectura

Les voy a hablar del libro Testigo anticipado. Es una novela de ciencia ficción que prefiero imaginar como una historia del futuro.

No sucede en naves espaciales con seres extraterrestres que conquistan galaxias. Tampoco se desarrolla en los laboratorios de Anthropic, Nvidia, OpenAI o Google, o en el MIT o la Universidad de Stanford. Toca laboratorios europeos del Instituto Max Planck y el Canfranc.

Pero es realmente un recorrido por once ciudades periféricas entre los años 2035 y 2350. El protagonista visita Fez en el norte de África, el Darién de América Latina, una isla del Caribe, un enclave en el cinturón industrial del norte de México y centros urbanos secundarios de Europa. Plantea que las ciudades son laboratorios de evolución que revelan cómo llega la tecnología a las personas ordinarias y cómo las transforma.

No describe un mundo que ha superado la competencia por los recursos naturales, el control de los mercados, la imposición cultural, la destrucción ambiental y la discriminación. Es un mundo en el que los conflictos se acentúan y que lucha por trascenderlos.

Es una trama sencilla de viajes en el tiempo; pero también es un recorrido por las formas iniciales de posthumanismo y transhumanismo, en un mundo de inteligencias múltiples. Aparecen ciborgs, personas con implantes de conciencia en el cerebro, seres mutantes, personas desmaterializadas que trasladan su memoria y su conciencia al mundo digital. Aparece la vida no orgánica y la convivencia cercana con los muertos.

La humanidad busca nuevas utopías entre guerras y crisis ambientales. Hay 2,000 millones de seres humanos orgánicos e híbridos. Muchos duermen por décadas y hasta por siglos, esperando un espacio en la biósfera. Otros viven sin cuerpo orgánico en ciudades digitales paralelas. Muchos otros no llegaron o partieron antes de tiempo.

La humanidad construye utopías. La historia se pregunta si las máquinas desarrollan una conciencia propia —esta es en nuestro presente una pregunta importante y ordinaria—; pero, sobre todo, se pregunta si podemos trasladar nuestra conciencia al mundo digital y si podemos hibridar conciencias orgánicas y digitales. Lo importante no es si las máquinas piensan, sienten o disciernen, sino si verdaderamente el ser humano lo hace con la profundidad que requiere este momento de la historia.

Testigo anticipado es un diálogo del ser humano con la tecnología, el medio ambiente, la duda y el conocimiento humano: todos ellos formas de inteligencia múltiple.

La historia ocurre en el futuro, porque es un escenario poderoso y flexible. Mi objetivo es que se lea bien como una historia de viajes, pero que también pueda verse como una reflexión sobre el presente.

Testigo anticipado como manifestación del presente

Para mi presentación en la FILPEC 2026 del 4 de julio, pensé iniciar hablando de las voces del futuro que nos llegan con la ciencia. Preparé algunas ideas sobre AlphaFold, el sistema de Inteligencia artificial desarrollado por DeepMind para desarrollar estructuras moleculares 3D y que llevó a que Demis Hassabis y sus coautores obtuvieran el Premio Nobel de Química. También tenía comentarios sobre la SpudCell (la célula sintética) y la nueva organización BIOTIC, que pretende consolidarse en un nuevo OpenAI, para diseñar tejidos orgánicos 3D, escribir ADN y construir herramientas computacionales abiertas que permitan acelerar la experimentación, modelar y depurar sistemas orgánicos antes de fabricarlos.

Siempre es interesante pensar que en algunos años podríamos comer espárragos con células de res, pollo o pescado, pollos de cuatro patas o carne de res con proteína vegetal. Podríamos cultivar naranjos de los que podamos exprimir leche y miel.

Hoy prefiero enfocarme en una frase célebre que no existe. Bob Samples fue un educador e investigador estadunidense (1933-2012), vinculado con la National Science Foundation, conocido por su trabajo sobre creatividad, aprendizaje y conciencia. En 1976, publicó el libro La mente metafórica: una celebración de la conciencia creativa.

Con esa obra emerge una de las frases más famosas atribuidas a Albert Einstein, pero que es en realidad una frase apócrifa. Para Bob Samples fue una interpretación o una paráfrasis de Einstein; no fue un plagio ni impostura. Refleja la interpretación posterior de los lectores, que al fin de cuentas son los creadores definitivos de toda obra.

La frase es:

La mente intuitiva es un don sagrado y la mente racional es un servidor fiel. Hemos creado una sociedad que honra al servidor y olvida el don.

Es un referente adecuado porque Testigo anticipado se desarrolla en esa dualidad que todos vivimos: intuición y racionalidad.

Esa dualidad se desata hoy con intensidad nunca vista por el embate de dos grandes fuerzas:

  1. La tecnología como vehículo de la inteligencia, mediación de los sentidos y creadora de inteligencias múltiples.
  2. La transformación de la materia en dos eras geológicas que se sobreponen: el Antropoceno, que es la huella humana en el planeta y el Neoceno, que se refiere a la gobernanza de la biósfera con conocimientos e inteligencias compartidas.

La obra se sume en esas eras geológicas. En esa dualidad se construye el futuro.

Testigo anticipado —es nostalgia y metáfora— es la búsqueda de una Nueva Ilustración y de un Nuevo Renacimiento que desata nuevas fuentes de pensamiento, ciencia y arte. Es una utopía disfrazada de tragedia.

En síntesis: la novela sí narra una serie de viajes en el tiempo, pero también es un diálogo con la naturaleza humana que se transforma con el influjo de las inteligencias múltiples.

¿Cómo surge Testigo anticipado?

Testigo anticipado nace con un nombre. Muchas cosas reclaman su forma cuando son nombradas. Era inicialmente un conjunto de frases y de historias dentro de un mapa mental enorme. Por años fui acumulando preguntas e ideas. Hay que recordar que:

  1. La pregunta es la devoción del pensamiento, según Martin Heidegger.
  2. La curiosidad es la lujuria de la mente, de acuerdo con Thomas Hobbes.

Mi mapa mental estaba construido con frases memorables e ideas sueltas, esas «verdades de a centavo» de las que hablaba Georg Christoph Lichtenberg.

El nombre (esa intuición) que ordenó ese caos es Martín Möbius: protagonista de la historia. Evoca al creador de la Cinta de Moebius que es paradoja, un infinito condensado y geometrías elusivas.

Convierte la dualidad —de intuición y racionalidad— de todo lo humano en una transición que nunca acaba. Es la presencia de dos hombres históricos que son además umbrales y símbolo del presente.

El primero es August Ferdinand Möbius (1790-1868), matemático y astrónomo alemán, figura central del siglo XIX. Formado en las célebres universidades de Leipzig y Gotinga.

El segundo es Moebius, Jean Giraud (1938-2012). Francés, artista gráfico del cómic y la ilustración. Uno de los creadores más influyentes del siglo XX, con una enorme capacidad de alternar entre el realismo y lo surrealista. Expandió los límites de la narrativa visual.

Las historias de esos dos personajes nunca acaban: no conducen a un desenlace, sino a un estado. Son seres de umbrales. Martín Möbius encarna esa dualidad intuición-racionalidad, que vivimos todos y que es más pertinente que nunca.

¿Futuros posibles?

Testigo anticipado no pretende ser una alegoría, sino la historia de los próximos 300 años. Me he preocupado por crear mundos que puedan llegar a existir.

¿Qué puede pasar durante ese lapso tan breve?

Para contestar esa pregunta conviene ver inicialmente hacia atrás. Hace 300 años la esperanza de vida era de 35 años; quienes sobrevivían la infancia podían aspirar a vivir hasta los 55 años. El 10% de la población era urbana y solamente el 15% sabía leer y escribir.

La información viajaba a 15 kilómetros por hora por tierra y hasta 60 km/hora en el mar; ahora viaja a 300,000 kilómetros por segundo (1,080 millones de km/hora).

La población mundial era de 600 millones de personas, ahora somos 8,300 millones, 14 veces más. La información científica se duplicaba cada 200 a 300 años; ahora lo hace cada 3 a 5 años.

¿Cómo estamos hoy? En este momento habitamos el planeta el 7.1% de los seres humanos nacidos en toda la historia. Desde el inicio del Homo sapiens moderno hace 192,000 años, han nacido 117,500 millones. Hoy estamos vivos 8,300 millones.

Con esa enorme densidad humana, habitamos una era fértil con una creación brutal de obras de arte, experiencias y conocimientos.

Pero no solo está en juego la fuerza humana. Empezamos a vivir la irrupción de la Inteligencia artificial. La utilizan 2,000 millones de personas con 5,000 millones de prompts-respuestas diarias. La IA escribe cada día textos únicos que representan el 44% de las palabras contenidas en los 25 millones de libros en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

Cada año se publican 3.3 millones de artículos académicos. Un humano se tardaría 1,500 años en leerlos. Pero la IA es capaz de leer entre 10 y 50 veces más rápido que una persona y procesa miles de textos simultáneamente. Es 1,000 veces más rápida para el análisis, 10,000 veces más rápida para la exploración, y más de un millón de veces más rápida para la indización.

La capacidad de sus semiconductores se ha duplicado cada dos años desde 1959, siguiendo ese pronóstico de la ley de Moore que parecía imposible de cumplir. El número de operaciones por segundo que se pueden realizar para entrenar la IA se duplica cada 6 a 8 meses. Las competencias digitales crecen de manera explosiva; no va a parar pronto.

La IA no solo genera textos, está en todas partes: se integra con la red digital, se convierte en ambiente para el diseño de medicamentos y órganos, gestiona crecientemente los sistemas complejos de producción y servicios.

Vuelvo a preguntar: ¿qué puede suceder en 300 años?

Testigo anticipado inicia con la ecdización con la tecnología

La ecdización es un cambio de piel. Me fascina el concepto desde la infancia en la que me subía a los árboles para coleccionar las cáscaras de piel de las chicharras que crecen. Sucede cuando su exoestructura resulta demasiado restrictiva y necesitan trascenderla y crecer.

En la novela se describe lo que debe pasar a un ser humano para adecuarse a la Inteligencia artificial y a la tecnología. No es una opción: es un entorno que demanda una transición humana.

Conviene pensar en la progresión de las tecnologías. La escritura nos enseñó a pensar fuera de la cabeza. El libro nos permitió pensar colectivamente a través del tiempo con archivos compartidos. La computadora nos llevó a pensar con sistemas y algoritmos.

La IA va mucho más allá. Nos lleva a pensar inmersos en redes de información en tiempo real, a dialogar de manera instantánea con otros agentes cognitivos, y a reflexionar por medio de intimidades cohabitadas. La IA reconstruye el entorno y nos lleva a habitar espacios inteligentes, mundos y sentidos mediados por la tecnología y experiencias cogeneradas.

Habitamos ya —sin que nadie nos hubiera preguntado o advertido— en un mundo distinto.

Esta nueva realidad nos obliga a elegir entre: luchar para constituirnos en Centauros conservando nuestra agencia en relación con la tecnología, o resignarnos a vivir con la seguridad de las Rémoras para habitar los espacios que la IA elija para nosotros. En ese dilema emerge Martín Möbius y encuentra los Puentes Einstein-Rosen para viajar al futuro.

Ese es el puente que debemos transitar cada uno de nosotros para habitar un presente digno.

En esta lógica, Testigo anticipado se convierte en el juego de espejos por el que Martín Möbius transita entre la intuición y la racionalidad. Martín dialoga en la historia con cinco agentes:

  1. La Inteligencia artificial cada vez más poderosa en el futuro.
  2. Su Centauro que es su concreción personal como una inteligencia múltiple y que tiene identidad propia.
  3. El yo no ecdizado, su alter ego que no evoluciona con la tecnología, que se queda atrás; una sombra que lo persigue por toda la historia.
  4. La Infósfera, ese universo de ideas y conocimientos acumulados, que es lo que lo hace realmente humano.
  5. La Agnósfera, ese vasto universo de lo desconocido, de lo que no comprendemos, de lo que todavía no podemos formular con claridad; representada por el futuro.

Las ciudades son excusas para el diálogo entre cinco identidades de Martín Möbius que se despliegan a medida que transita por la Cinta de Moebius. Eso es la novela como representación del presente.

Para cerrar quiero agregar un comentario.

Escribir bajo el influjo de las inteligencias múltiples y escribir sobre ellas es un ejercicio indispensable. Tenemos que hablar del posthumanismo y el transhumanismo en relación con la tecnología. Son fantasmas necesarios.

Para entenderlo basta con citar a la novelista estadunidense Flannery O’Connor. Ella dijo en una carta a su editora:

Escribo porque no sé lo que pienso hasta que leo lo que digo.

Hay que recordar también a Georg Christoph Lichtenberg:

Un hombre de genio debe ser capaz de asombrarse de sus propios pensamientos.

Pero no es un tema de genialidad, sino de identidad y supervivencia: es un umbral. ¿Somos Rémoras o somos Centauros? ¿Es la inteligencia un don o un servidor? ¿O ambas cosas?

Debemos asombrarnos con racionalidad e intuición del pensamiento de las inteligencias múltiples con las que cohabitamos y en las que estamos inmersos: el entorno físico, el humano y el tecnológico. Ahí es en donde se cuela el futuro.

De eso se trata Testigo anticipado.